martes, 16 de agosto de 2016

monólogo de una chica triste y cliché

Quiero que el momento en el que ya no tenga que escribir sobre esto* se incline sobre las patas delanteras y me devore sin que me dé cuenta, como lo hacen el tiempo y las disertaciones existenciales superfluas pa' la mierda. Quiero ser y ya está, sin que la vida sea un imparable "de verdad no quiero pero toca". Que esta larga lista de cosas que me arrebatan de los brazos de la miseria a ratos sean una corriente por la cual huir para siempre y no un héroe repentino que, por alguna razón, tarda meses en rescatarme de nuevo. Tampoco elementos de categorización innecesaria, tampoco lastres vergonzosos, tampoco hilos para coser a otras almas como la mía para la ilusión de conexiones -bueno, de ésto último se trata la vida, así que podemos dejarlo pasar-.

Además, esas cosas que me hacen feliz están asignadas al género masculino y pese a llevar la etiquetita de GNC en la frente, I don't wanna be one of the guys. No creo que logre nada diferenciándome de otras mujeres con gustos más "convencionales" que los míos. No pienso reforzar un estereotipo de género solo por una dosis de atención -de criaturas que, de paso, creen que tengo que identificarme con ellas para ser tratada como un ser sintiente- efímera y poco satisfactoria.


Estoy cansada
de tanta
apatía
que ojalá (pero menos mal que no)
fuese solo apatía

Es tremendo viaje en kayak por los rápidos de una emoción que no termina de asentarse, soy yo cayendo por los ríos sin apenas control y viviendo cada partícula de agua y cada curva y cada roca con la misma intensidad. No sé diferenciar. No puedo sentir las sinfonías en los ojos y escuchar los colores del verano sin caer luego en un abismo que no debería estar en medio de un río porque yo me anoté para ir en kayak, no espeleología. Pero la vida no es en lo que te anotas si no lo que salta y te devora sin que  te des cuenta porque firmaste mal la planilla de inscripción, así que aquí me ves, en completo pánico, con un traje de buceo que me va grande y una bombona de oxígeno que nunca sé si será suficiente. No si subo entre sueños a la superficie o si la luz del sol es un sueño. Ya no sé más.

Ojalá tuviera una taza de café (los buenos clichés siempre quieren café y días nublados para leer libros o ver películas que te dejan una sensación de que follaste con alguien a quien ni le gustas tú ni le gustó el polvo.)

* Y respecto a este "esto" sobre lo que escribo , ya dije apatía, pero también podría ser (de no tener que mantener cierta clase en los párrafos) la tremenda ladilla que me produce el hecho de existir, y de existir, además, en un hueco perenne -uno físico y otro emocional-. 


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