Hoy las
calles circundantes a plaza Venezuela estaban llenos de policías y todos los
policías son escoria y de dónde salen tantos si jamás hacen una mierda más que
estar en las plazas deteniendo gente de mi edad pa’ sembrarle marihuana o quitarles el dinero o mirarte como si no
tuvieras derecho a estar allí. Y supongo que ese era su deber; recordarnos que
no tenemos derecho a estar allí, que debemos caminar delante de ellos con las
cabezas agachadas para evitar problemas, que aprovecharán cualquier excusa para
pisotearnos como las cucarachas que representamos para este sistema.
Pero este es otro día de existencia hipócrita en el que me limité a ponerme unas gríngolas mentales para no dejar salir el odio que me estremece y me entrecorta la respiración al pasar entre el mar de escoria, en vez de gritarles que lo son. Porque soy parte del problema, creo.
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