Te juro que no es joda, de verdad, de verdad, de
verdad siento como me van a explotar
las mejillas porque recordar tu voz al oído es como un volcán en las venitas
que me recorren la cara, son cien chikibooms en la barriga cuando pienso en lo
tosco de tu risa que más que risa parece tos pero me encanta y me contagia
incluso cuando no estás. Le echo la culpa a las hormonas y a los bajones y a la
falta de tantas cosas y a todas las excusas que se caen en el piso por mi falta
de atención porque qué atención voy a estarle prestando a nada si puedo mirar cómo
se te convierten los ojos en una lámpara de lava con la luz del sol.
Y también te juro que no hago esto todo el tiempo, que
hace más de dos años que solo escribo este tipo de cosas para un corazón porque
las burbujas vienen con grietas y no quiero resbalar incansablemente por gente
que solo lanza una chispa dentro del corazón que no duda encendida más de dos
horas y eso si hay alcohol de por medio. Y te puedo jurar otras mil cosas para que no
te asustes para que no te burles para que no pero es
imposible que este protocariño asuste a nadie más que a mí, que estoy
rogándole a cada deidad cuyo nombre conozco que sean solo las hormonas o lo
guapo que eres o lo bien que hueles –tan tan tan tan tan bien- o tu voz ronquita o cualquier otro detalle que me saque
solo sonrisas tontas –cómo ésta que no termina de irse porque ay tu diciéndome cosas bonitas- y cualquiera
de esas formas que te traquetean sobre el alma sin traspasarla jamás, que
terminan de desviarse hasta la entrepierna y mueren allí y todos felices porque
podemos proseguir con la amistad de revista Tú.
Que esto pase ya
porque no, porque yo no estoy para pendejadas de ¿empepes? repentinos ni
pa’ estar abrazando una prenda de ropa ajena ni de soltar testamentos absurdos
e intensos como éste a una persona que probablemente no ha dedicado más de diez
minutos a ponerme en su cerebro después de que corrí tras el bus para que no
notara lo mucho que quería quedarme, porque por qué querría quedarme si te da
igual que me quede, por qué tiene que ser todo tan intenso.
Y te juro que ojalá una botella de ron y ojalá nada de ganas de
volver a beber contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario