viernes, 26 de agosto de 2016

me gustas más que las birras más que la lluvia más que el reguetón viejo

Te juro que no es joda, de verdad, de verdad, de verdad siento como me van a explotar las mejillas porque recordar tu voz al oído es como un volcán en las venitas que me recorren la cara, son cien chikibooms en la barriga cuando pienso en lo tosco de tu risa que más que risa parece tos pero me encanta y me contagia incluso cuando no estás. Le echo la culpa a las hormonas y a los bajones y a la falta de tantas cosas y a todas las excusas que se caen en el piso por mi falta de atención porque qué atención voy a estarle prestando a nada si puedo mirar cómo se te convierten los ojos en una lámpara de lava con la luz del sol.

Y también te juro que no hago esto todo el tiempo, que hace más de dos años que solo escribo este tipo de cosas para un corazón porque las burbujas vienen con grietas y no quiero resbalar incansablemente por gente que solo lanza una chispa dentro del corazón que no duda encendida más de dos horas y eso si hay alcohol de por medio.  Y te puedo jurar otras mil cosas para que no te asustes para que no te burles para que no pero es imposible que este protocariño asuste a nadie más que a mí, que estoy rogándole a cada deidad cuyo nombre conozco que sean solo las hormonas o lo guapo que eres o lo bien que hueles –tan tan tan tan tan bien- o tu voz ronquita o cualquier otro detalle que me saque solo sonrisas tontas –cómo ésta que no termina de irse porque ay tu diciéndome cosas bonitas- y cualquiera de esas formas que te traquetean sobre el alma sin traspasarla jamás, que terminan de desviarse hasta la entrepierna y mueren allí y todos felices porque podemos proseguir con la amistad de revista Tú.

Que esto pase ya porque no, porque yo no estoy para pendejadas de ¿empepes? repentinos ni pa’ estar abrazando una prenda de ropa ajena ni de soltar testamentos absurdos e intensos como éste a una persona que probablemente no ha dedicado más de diez minutos a ponerme en su cerebro después de que corrí tras el bus para que no notara lo mucho que quería quedarme, porque por qué querría quedarme si te da igual que me quede, por qué tiene que ser todo tan intenso.
Y te juro que ojalá una botella de ron y ojalá nada de ganas de volver a beber contigo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario