martes, 22 de noviembre de 2016

huecos de colador azul

Hay cosas sobre las que debo escribir para no olvidarlas.
Y así como acumulo cachivaches innecesarios en cajitas de zapato, también acumulo datos inútiles, me lleno el cerebro de tarros de galletas, de cajas de cereal picadas, de bolsitas con nombres borrosos que definitivamente deben permanecer allí. Así que escribo sobre demasiadas tonterías, por distintos motivos, todos traducibles a que deseo muescas en un tronco y no ondas en la arena -ojalá fueran ondas en la arena esas cosas que serán siempre muescas aunque no los ponga en letras-.Ya no tengo diario ni merece la pena iniciar uno a éstas alturas del año, así que creo que tengo que escribir sobre el sábado en la noche. El sábado en la mañana estuvo nublado (dentro y fuera), pero el sábado en la noche me devolvió algo precioso por horas enteras. no parpadeos, no latidos: horas.

El sábado sentí ganas de vivir.

El sábado en la noche casi-casi lloraba de nuevo por la consideración que me tienen ciertos seres humanos, pero me contuve. Ignacio me dijo que cigarros y tal vez birras y yo "¿dónde vamos a conseguir para tomar birras un sábado en la noche?". La pregunta refleja más de cómo ha ido mi vida de lo que quiero confesar. Nacho se río, y yo le hice eco, inevitablemente, porque qué bonito es y cómo logra verse igual de wow con telas o sin ellas. Me gusta caminar de noche, especialmente por allí. Fuimos a "un sitio" al final de unas escaleras de caracol, un bar de esos de mi mundo onírico (rojizos, vacíos, oscuros) pero sin el miedo que suele morar en su aire. Tenía elefantitos sobre las pantallas de tela de las lámparas y unos taburetes desde los que se veía la calle de abajo, la gente pasando, el horizonte con unas poquititas estrellas. Y birras. Y hablar. Me encanta que hablemos. Su voz, sus gestos, como mueve la cabeza cuando no consigue las palabras. Y entre birras y escuchar su voz, nacieron. Pude notarlas. Supe qué eran aunque hacía siglos que no me hacían una visita. 

Esa sensación de que la permanencia merece la pena, ese calor, esa simetría invisible. Esa certeza de que, si me mantengo respirando, ese tipo de momentos, en los que te encapsulas en la paz, en la simple alegría de existir, se pueden -y se van arepetir. El solo recuerdo me ayuda en este momento en el que me quiero meter debajo de la tierra y no ver la luz nunca más. 

Sé que no era por las birras. Sé como es el placebo de ganas de vivir que dan las birras. Supongo que solo me ayudaron a llegar hasta allí.

Luego nos comimos un churro en la plaza y volvimos a casa en un carrito en el que no pude dejar de tocarlo y besarlo porque wow, este tipo existe, está a mi lado y participó -participa constantemente- en uno de esos momentos increíbles en los que no me quiero echar una soga al cuello.
Y además, está tan pero tan pero tan bueno...

martes, 15 de noviembre de 2016

quiero sentirte respirar sobre mi piel y erizarme a oleadas 
mientras te paseas sobre mi en un inicio lento 
                                  y desesperante 
que me dé ganas de 
arrancarte la tuya con las uñas
de apresurarte tontamente 
(como si no se detuviera un poco el tiempo cuando estamos así, 
como si no mereciera la pena 
alargar cada fragmento de segundo)
quiero que hagamos el amor
que me abraces porque siempre 
estás tan cálido que me arrullas y comienzo a soñar 
-no a dormir
contra tu cuello, 
besarte hasta que me falte el aire -seguir, aún así-. 
que tu cabello me haga cosquillas entre las piernas y tirar de él 
y de las sábanas 
y de todo lo que pueda para no caerme 
al abismo que provocas con tus labios. 
quiero regodearme en tu aliento 
y en todos tus aromas que me atrapan y me mecen 
                                                         y ojalá poderlos meter todos en un frasquito 
en forma de cristales, 
para poder esnifarlos cuando no estés.

quiero que nos agitemos al unísono 
mientras me llenas por dentro
mientras te lleno de marcas
 que hagas trampa y se me convierta en lava
 la sangre en las venas
                                                                 subir, bajar, subir, bajar
 sobre ti
mientras me miras (por favor no)
mientras te miro 
porque es casi casi tan placentero 
recorrerte con la vista 
como que me recorras con tus labios

quiero que llegues a lo más profundo de mi ser y luego
estalles en sobre mi piel
(luego de hacerme estallar a mi)


También quiero dejar de estirar el brazo por las noches pa' buscarte y no encontrar nada, porque es horrible y no solo está frío afuera si no que el frío se estira y me entra por los brazos que ya no puedo enredar a tu alrededor. 

Estaba tratando de escribir cosas bonitas sobre chamito pero me puse a ver fotos suyas y sentí que el corazón se me llenaba de helio y ojalá estuviera aquí.