Siento que el 2016 duró dos semanas muy largas y en todo ese tiempo yo estuve
demasiado ocupada escarbándome las costras que tengo junto al corazón como para apreciar -
casi- nada fuera de los hoyitos que quedaban por allí. Pero ya pasó (
todo pasa, siempre pasa.)
Esto es otro intento
desesperado de retomar el hábito de escribir cosas más allá de las líneas autocompasivas en un diario triste y monótono, sacar el veneno a través de los dedos,
reaprender a aclararme las brumas. Ojalá esto no se quede en un intento. Ojalá mi tristeza no se estanque y entienda que necesita fluir a través de mis venas para gastarse y consumirse,
para no consumirme tanto yo.
Ojalá logre que este año se trate más de vida que de supervivencia.
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