jueves, 7 de enero de 2016

Siento que el 2016 duró dos semanas muy largas y en todo ese tiempo yo estuve demasiado ocupada escarbándome las costras que tengo junto al corazón como para apreciar -casi- nada fuera de los hoyitos que quedaban por allí. Pero ya pasó (todo pasa, siempre pasa.)

Esto es otro intento desesperado de retomar el hábito de escribir cosas más allá de las líneas autocompasivas en un diario triste y monótono, sacar el veneno a través de los dedos, reaprender a aclararme las brumas. Ojalá esto no se quede en un intento. Ojalá mi tristeza no se estanque y entienda que necesita fluir a través de mis venas para gastarse y consumirse, para no consumirme tanto yo. 

Ojalá logre que este año se trate más de vida que de supervivencia. 

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