miércoles, 1 de junio de 2016

Hoy se montó una heroinómana en el metro a pedir dinero. Su voz recordaba salitas minimalistas y cuadros de Picasso en un comedor con frutas de verdad. Evidentemente no tenía fabelas decorándole la infancia. Pero estaba allí, mostrando media nalga (pálida y huesuda), repitiendo cada frase hasta cuatro veces. Dijo que la había secuestrado Alá, y que la guerra nos estaba jodiendo muy feo.

A mi lo que me jode es que nadie le dio dinero porque admitió que consumía heroína. Yo tampoco lo hice, por miedo a que me hiciera daño; se veía muy alterada. Los moralistas se niegan a dar dinero porque "se lo van a gastar en droga", sin pensar ni por un instante en que, de todas maneras, ellxs van a conseguir el dinero para la droga, y que el billete que no entregaron pudo ser la diferencia para que no tuviera que dejarse acabar en la boca por un chute.

Luego me puse a llorar porque vivir en este país significa elegir entre la negación o la desesperación.

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